viernes, 14 de septiembre de 2007

EL CASO MADELEINE

Este asunto convertido en noticia abre los telediarios de medio mundo. No hay prácticamente nadie que no haya oído hablar de Madeleine McCann. La trascendencia que ha adquirido supera la tragedia personal y familiar, y casi se ha convertido en un asunto de Estado. En la escena intervienen ministros, asesores, la Iglesia…

La desaparición de Madeleine se ha convertido en una feria. Para una gran parte de los media británicos es una cuestión nacional, por no hablar de la policía portuguesa, o del Foreign Office. Se añaden a esta tragedia intereses turísticos. El Algarve puede quedar tocado como un enclave “inseguro”.

Pero no aparece Madeleine. La policía, con la ayuda de indicios, intenta forzar la confesión de los padres. Y los McCann siguen su búsqueda y proclamando su inocencia. Todo bastante confuso salvo… Salvo que alguien tenga algo que ocultar. O salvo que la familia esté profundamente herida y crea que la forma de recuperar a su hija sea armar el mayor ruido posible, caiga quien caiga, a cualquier precio, incluso con unas consecuencias que no habían imaginado, perder la credibilidad y la custodia de sus otros dos hijos.

El asunto ya no es “Madeleine”. Ella es el detonante de un ir y venir de líneas argumentales que se disparan y entrecruzan sin destino. El caso Madeleine se está lidiando en el “marketspace”, en el espacio comunicativo, generando audiencias millonarias. 4.000.000 de espectadores ven los especiales del martes sobre Madeleine (La Primera y Antena 3). La opinión pública ha tomado el relevo.
Alberto

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